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Pataki de Yemayá y Oshún

pelo yemaya

Oshún reinaba y se pasaba horas admirando su cuerpo y disfrutaba de cada centímetro de su cabello, su vitalidad y alegría le hacía permanecer tiempo mirándose en el reflejo del río que recorría su reinado.

Presumía de cada joya que tenía, las mirabas, sabía desde cuando formaban parte de su  alhajas preferidas, cómo había adquirido o quien se las había regalado

Oshún siempre estaba peinándose y embelesada de su propia belleza.

Mientras admiraba su naturaleza, su reinado estaba en conflicto y ella no tenía idea de la dimensión que tomaba ese asunto.

Tales conflictos dieron lugar a guerras y conquistas que con mucho dolor para salvarse tuvo que elegir huir para preservar su vida.

La huida le trajo como consecuencia pobreza, al tener que dejar atrás todo lo que poseía ya no tenía nada de lo que en el pasado se paseaba con orgullo, ni dinero, ni joyas. Todo se redujo a la nada.

En su destierro llevó un traje o vestido blanco muy lindo, el único que pudo salvar y porque lo tenia puesto.

Por ironía de la vida el río que antes le servía para contemplar su reflejo, hoy le brindaba otra oportunidad más, la de lavar su vestido de color blanco cada día.

Oshún no perdió nunca su hábito de estar limpia y eso a pesar de su situación , que era muy deplorable.

De tanto lavar su bello traje con el agua del río el mismo se le empezó a poner amarillo, ella lo lavaba, y mientras estaba en su reflexión se le salían las lagrimas que se deslizaban por sus mejillas y caían lentamente a las aguas.

Las aguas del río, llevaban sus lágrimas al mar, su hermana Yemayá que es dueña del mar con todas sus riquezas noto su tristeza y subió río arriba a ver a Oshún.

Yemayá cuando la vio, se quedo totalmente paralizada, verla con esa situación, Oshún ya no tenía ni el cabello que tenia, ni las joyas, ni los vestidos, N A D A.

Yemayá se acercó a Oshún y de lo más profundo de su corazón habló con ella.

La miro fijo a los ojos y le dijo

Oshún tus lágrimas me hacen daño, me parten el alma y el mismísimo corazón. A partir de ahora volverás a reinar por la gracia de Olofi. Serás dueña de todo el oro que hay en la tierra y en los ríos, de los corales que hay en el mar serán tuyos, para que te adornes como siempre te ha gustado.

No volverás a sucumbir en la pobreza y podrás echarte fresco con un abanico de pavo real.

Mi cabello que tanto me gusta y orgullosa me hace sentir, te lo doy también para que nadie tenga que verte en el estado en que te encuentras y así tu cabello te crecerá con tranquilidad.

Mientras le decía a su querida hermana sus promesas, con lágrimas que brotaban de sus ojos se cortaba su frondosa cabello y se la daba a Oshún.

«Desde ese día siempre Yemayá defiende a las hijas de Oshún y Oshún a las hijas de Yemayá.»

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